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martes, 21 de noviembre de 2017
Vida y obra del P.Luis Pérez Ponce
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Un hombre de Dios.
Nace en Villafranca (Córdoba) el año 1666. Es un niño despierto y sus padres lo educan en la fe cristiana. Marcha a Córdoba, al colegio de los dominicos de San Pablo, y se ordena sacerdote. Espiritualmente se forma con los carmelitas descalzos. Lo admirable de la vida del P. Luis es su consagración total y desinteresada a Cristo, a sus feligreses y a todas las personas que se encontraban con él. Vive su sacerdocio con plena libertad y con todas sus consecuencias. La luz, la fuerza, la caridad, el diario y perseverante esfuerzo le llegan de la oración, de la eucaristía y de la entrega a sus hermanos. Es incansable en la evangelización de sus feligreses en la catequesis, en las homilías y sermones y en el confesonario. Atiende a todos: niños, jóvenes, casados, ancianos, pero, sobre todo, los enfermos y los pobres. En estos ve mejor reflejada la imagen de Cristo sufriente. Su experiencia pastoral le lleva a la evangelización de la mujer. Y funda para ellas un colegio y una congregación. A ello le mueve el que “habiendo tantos medios para la instrucción de los varones, tantas escuelas, colegios y universidades, apenas haya una escuela para la enseñanza de las mujeres, cuyas almas habían costado a Jesucristo la misma sangre que la de los hombres”. Y comienza esta obra novedosa en Villa del Río en 1696, trasladándola luego con él a Villafranca. Selecciona a las mujeres que habían de gobernar el colegio, redacta las constituciones y dirige la obra, “cuyo fin principal ha de ser dedicarse a servir a Dios Nuestro Señor y a su Santísima Madre”. Entre la parroquia y el colegio transcurren sus días, dedicado al bien de sus feligreses. Les da ejemplo de austeridad, de desprendimiento, de humildad, de pobreza. Viste como un pobre cura de aldea, come de limosna, se desprende de todo en favor de la fundación. “Es mi voluntad morir pobre a imitación de mi Redentor Jesucristo y asimismo en un amor muy grande a mis feligreses”. Muere por un acto supremo de caridad. El día de San José de 1721 pasan por Villafranca unos soldados. Uno de ellos enfermo de tabardillo (tifus), que recoge en su casa, asea, cuida y acuesta en su propia cama. Muere el 18 de abril por contagio de esta enfermedad. Sus últimas palabras para las hermanas cuando van a despedirlo son: “Para tenerlo todo sobrado, deben contentarse con poco”. El P. Luis no conoció la extensión de su obra, pero sólo diez años después de su muerte, los Obispos de Córdoba empezaron a solicitar fundaciones. Se iniciaron desde Villafranca y, aunque eran casas independientes, las hermanas se unían para formar nuevas comunidades. Estas comunidades fueron: Aguilar de la Frontera (1731), Espejo (1758), El Carpio (1760), Baena (1764), Montoro (1775), Marchena (1779), Priego de Córdoba (1787), Castro del Río (1792), Bujalance (1793), La Rambla (1819).
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